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jueves, diciembre 13, 2007

Premio Bicentenario 2007:

Premio Bicentenario 2007:
Patricia Matte "Me incomoda que otros no tengan las oportunidades que yo tuve"
 
 
 
Recién elegida Premio Bicentenario por su aporte a la educación –la única mujer que lo ha recibido hasta ahora–, sueña con transmitirles su entusiasmo por lo social a sus nietos. Los pasos ya están encaminados. Sus hijos están tomando las riendas de los negocios familiares y participando de la fundación educacional. "Me encanta este concepto de la generación de relevo; me produce una sensación de descanso", dice la presidenta de la Sociedad de Instrucción Primaria, mientras planea bajar un poco las revoluciones en su trabajo. "Quiero tener tiempo para pensar desde afuera y aportar desde otra perspectiva".



CAMINO A PUENTE ALTO: HACIA LOS NOGALES

Los jueves son días que Patricia Matte, socióloga y recién elegida Premio Bicentenario 2007, espera con ansias. Intenta que sean jornadas más tranquilas, en que busca ponerse al día con llamados telefónicos, agendar menos reuniones, detenerse a pensar cómo ha transcurrido su semana. Y si puede partir revisando sus mails atrasados desde el computador de su casa, con vista a unos frondosos árboles, mejor todavía.

Hoy es jueves, son cerca de las diez de la mañana, y por ahora, lo más inmediato es su reunión pasado el mediodía con el subdirector del Colegio Los Nogales, de la fundación del mismo nombre, y que se ha convertido en el más prestigiado de Puente Alto gracias a la excelencia que ha logrado, siguiendo la misma metodología de los 17 colegios de la Sociedad de Instrucción Primaria, que Patricia Matte preside y que fue fundada hace 150 por su tío Claudio Matte.

El Colegio Los Nogales es uno de sus orgullos, dice Patricia, mientras maneja concentrada por Américo Vespucio en dirección hacia el sur. Calcula que, considerando los tacos, demoraremos cerca de una hora en llegar. Efectivamente, poco antes de las once de la mañana aparece el bien emplazado edificio enchapado en ladrillo. Un grupo de alumnas de octavo básico está organizando un baile para los niños del hogar que visitarán esta semana en el amplio gimnasio. Patricia las saluda, les conversa y luego les pide que continúen poniendo empeño. A ella le importa que los padres transmitan el valor del esfuerzo a sus hijos: "Hoy veo un fenómeno fatal en muchos padres, que es tratar de ocultar a sus hijos los esfuerzos por los cuales han pasado, y disfrazándoles la realidad. Eso les provoca un daño enorme, porque en algún momento verán que la vida es complicada. No hablarles de esto a los niños es un error gravísimo. A mis hermanos y a mí no sólo nos hablaron, sino que nos lo mostraron desde siempre. Y eso fue determinante".

–¿Haber optado por el trabajo en el área de educación y pobreza tuvo que ver con su crianza?

–Mucho. Cuando era niña, mi padre nos decía: es un privilegio vivir acá. Y demostró ser consecuente, porque cuando vinieron períodos difíciles para sus empresas nunca se fue. Entonces, fue bien marcador eso. El tenía recursos, pero no heredó nada, empezó a trabajar a los 16 años, entonces también tuvo una historia de esfuerzo.

En su madre vio el trabajo social activo. Cuando niña, acompañaba a María Larraín hasta las poblaciones a la orilla del río Mapocho. "Ella nunca dejó de ir. Podría estar cansada, pero los martes o jueves partía puntualmente a las 3 de la tarde".

Ya cumplió 87 años. "Tiene una vitalidad enorme y está muy ¡sana! Es una maravilla, hace todo sola, pero igual me siento responsable. Podría decirme que paso todo el día ocupada, que no la voy a ver, pero no me cobra sentimientos".

Entramos a la biblioteca del colegio y le comenta a la encargada que la actividad del día anterior de los más chiquitos con la literata Carolina Garreaud fue todo un éxito. Conversa con los niños que entran a buscar libros, trabajar en el computador, leer o simplemente jugar. "Venir a los colegios es para mí la bencina que necesito. Es muy satisfactorio verlos, porque con todo lo que pasa en el mundo son capaces de aprender, de portarse bien; es muy gratificante ver cómo un niño que entró a kinder y luego egresa en cuarto medio es un hombre distinto que podrá hacer un cambio con su propia familia".

Le preocupa la poca importancia que se le ha dado a la familia como factor de éxito escolar, pese a que existe cada vez más evidencia científica al respecto. "La familia es parte del círculo virtuoso, pero la cadena de habilidades y destrezas se puede romper en el aspecto más débil, que es el rol que tiene la madre", explica muy convencida.

Se detiene unos segundos para reforzar una nueva idea que quiere se entienda bien: cuando la madre sale a trabajar fuera de la casa, y no cuenta con flexibilidad laboral, existe el riesgo de desaparecer como figura transmisora de valores. Lo conversa siempre con los directores de los colegios de la Sociedad. "Nos preocupa, por ejemplo, lo que ha sucedido con las madres que trabajan en malls. Por sus horarios, los profesores no pueden contar con ellas para las reuniones de colegios ni para las tareas. Así, la madre de mall es una madre ausente y no porque lo quiera".

Dice que no se puede perder de vista que el rol de madre es irreemplazable. 'Uno puede complementarse con el marido, los abuelos, tíos, pero tiene una función única. Por eso creo que es bueno y sano que existan ciertos sentimientos de culpa en la madre, de que no le está dando suficiente tiempo a sus hijos".

–¿Usted los tuvo?

–Sí, es sano que así sea. Hubo sacrificios para mis niños en el sentido de que el trabajo me quitaba tiempo emocional para estar con ellos, al igual que con mi marido. Probablemente ellos pagaron el costo. Ahora están grandes, y lo miran a la distancia diciendo que entienden mi trabajo, pero igual reclamaron. Yo nunca estuve satisfecha, pero tuve la suerte de que pude administrar mejor los tiempos que otra gente, porque tenía un trabajo flexible. Incluso cuando trabajé en el gobierno lo puse como condición.

EN SU CASA, CON LA GENERACIÓN DE RELEVO

Para sus hijos y su marido realizó un agradecimiento especial hace dos semanas, cuando recibió el Premio Bicentenario 2007, que se dará hasta el 2010 a diez figuras claves por su aporte a la vida nacional, social y cultural del país. Patricia, Bernardo, Magdalena y Jorge hoy están casados y han formado sus propias familias. En el living de su casa en Vitacura, hay una linda fotografía de ella con su marido Jorge Gabriel Larraín. En agosto cumplieron 43 años de matrimonio. En el living, de muebles clásicos, sobrios, también se aprecian escenas de los matrimonios de sus hijos. En su computador guarda un archivo con otras tantas más, especialmente de sus nietos. El mayor, de 18 años, acaba de dar la PSU, y la menor, la undécima, nació hace menos de un mes.

En el hall de la casa también se aprecia un árbol de Navidad listo para ser decorado, y un pesebre. "Todos los años lo armamos con los nietos", dice.

–¿Qué estilo de abuela es?

–Trato de ser lo mejor que puedo; no voy a buscar niños todos los días, pero siempre estoy en las ocasiones importantes. Después, en el verano, se produce esa instancia maravillosa que es el campo de Los Vilos. En enero nos vamos todos a vivir allá, y los nietos más grandes se comprometen a pasar diez días con nosotros. Es una condición de la familia. Me he tratado de manejar. Ahora, espero que los nietos más grandes hayan entendido que estoy en cosas que valen la pena.

Suena su celular. Es un sobrino para comentar lo bien que estuvo su hijo Bernardo (40) en su exposición durante el último encuentro Enade, donde habló sobre energía y recursos renovables en su calidad de gerente general de Colbún, empresa del grupo Matte. Asumió el año pasado luego de realizar un posgrado en Stanford, marcando la llegada de la tercera generación Matte a los negocios familiares. "Se nota el cambio generacional", dice con orgullo.

–¿Le gusta este concepto de generación de relevo?

–Me encanta, me produce una sensación de descanso, y a mi marido también. Está orgullosísimo con la presentación de Bernardo. Estamos contentísimos con la generación de recambio.

Cree que es indispensable pensarlo, sobre todo cuando hay detrás una fundación como Los Nogales y la Sociedad de Instrucción Primaria, que da trabajo a 730 personas, sostiene 17 colegios y educa a 20 mil alumnos. "Lo maravilloso que tiene la Sociedad de Instrucción Primaria es que siempre ha habido gente de la familia. Entonces, me preocupa no ser latera al tratar de involucrar a mis hijos obligatoriamente en este trabajo, pero sí de entusiasmarlos".

En la Sociedad, su hija mayor Patricia (42) profesora, es su sucesora natural está muy presente en el Colegio Los Nogales, junto con Magdalena (37), sicóloga, que se apronta a seguir un posgrado en educación. Jorge (30), el menor, es ingeniero comercial y está en Londres haciendo un posgrado en sociología. "Creo que volverá a Chile a asumir alguna responsabilidad empresarial, y también que se va a involucrar en lo académico".

PHILLIPS 16: LA ADMINISTRACIÓN ESCOLAR

Son cerca de las cinco de la tarde en las oficinas de la Sociedad de Instrucción Primaria, en Phillips 16, donde la entrada está decorada con una escultura de Claudio Matte. En la sala de reuniones se encuentran los directores afinando detalles de las actividades de fin de año, y de la negociación colectiva con el sindicato que se les avecina. A la salida, uno a uno se acercan a Patricia para saludarla: "Creo mucho en el contacto personal y en los equipos de trabajo altamente profesionales, con exigencias y metas; eso lo tomé de la experiencia empresarial de mi familia. Digo lo que pienso, sin pesadez, pero lo digo, porque ésa es la única forma de que la gente te siga finalmente".

–¿Hay algún aspecto que le haya costado más desarrollar?

–Siempre he tenido una debilidad grande con el tema numérico, y administrando mis tiempos. Es un tema que me persigue, porque me entusiasmo y me meto en algo, y termino normalmente llegando a todas partes tarde. Por ejemplo, ahora que tengo mis nietos, en estos días no voy a poder ir a ver a mi nieta recién nacida. Entonces, uno se pierde una cantidad de cosas importantes, uno jura que va a cambiar, y no lo hace.

–¿Por qué no ha decidido trabajar bajando las revoluciones?

–¡Tendría que ir a un siquiatra para que me bajen las revoluciones! (Se ríe). Mis amigas me dicen que programe mi agenda de trabajo de modo de contemplar trabajar algunos días, pero nunca lo he podido hacer. Creo que es porque me gusta lo que hago, y es una de las cosas por las que más doy gracias a Dios.

–¿Ha sentido de alguna manera como una misión el aportar en educación?

–No sé si es una misión, pero puede ser. Otra de las cosas que dije en el discurso (por el premio Bicentenario) es que yo quiero mucho a este país, y me siento tremendamente incómoda que muchas personas no hayan tenido las oportunidades que yo tuve. Me pongo en su lugar y digo: yo lo sentiría injusto. Sé que no lo es, porque se trata de cosas que uno ha recibido gratuitamente: ciertos dones, una familia, un país, un hogar bien constituido, una educación buena. Pero otros no lo recibieron. Entonces, esta postura de incomodidad, o de sensibilidad, siempre la he retroalimentado.

–¿Qué cosas tiene pendientes?

–¡Uyy! Sueño con tener harto más tiempo para tratar de transmitir este entusiasmo a mis nietos. Creo que cada día es más difícil, con todos los estímulos que tienen los niños, en una sociedad en que les están diciendo que todo es desechable, pero también tengo retribuciones grandes. Uno puede ir dejando alguna huella.

–¿Cómo maneja el tema del poder?

–Con una tremenda responsabilidad. La gente cree que es para uso de uno, pero yo estoy muy consciente de que si uno tiene una cuota de poder mayor en este país, tiene que ser ultra responsable en la manera de hacer las cosas. Y a veces da un poco de nervios no transmitirlo de la debida forma a los hijos.

–Siempre se ha comentado que sería una buena ministra de Educación.

–Pero ya no. Feliz apoyo y ayudo, pero creo que se necesita gente joven asumiendo los liderazgos en el país. Además debe ser muy desgastador anímicamente estar en una institución tan gigantesca como el ministerio. Diez años atrás a lo mejor, pero hoy creo que puedo ser aporte siendo una contraparte. Creo que es menos desgastador para una persona que tiene una cierta edad.

–¿Tiene planes de jubilación?

–Todo el tiempo lo digo porque el próximo año cumplo 65 años. Aunque a decir verdad ya estoy jubilada, porque las mujeres lo hacen a los 60. Pero sí, estoy tratando de organizar un retiro ordenado, y para eso tengo que crear instancias de relevo en todas las áreas en que estoy. No me iré totalmente, pero sí quiero bajar las revoluciones, tener tiempo para pensar y aportar desde otra perspectiva.

–Usted fue parte del gobierno de Augusto Pinochet, ¿qué balance hace de su figura luego de conocer el caso Riggs y detalles de los casos de derechos humanos?

–La historia hará un balance más desapasionado. Me quedo con lo positivo de haber participado en hacer ese cambio, y estoy orgullosa de eso. El Presidente Pinochet que yo conocí fue una persona preocupada por lo que pasaba en el sector social. Por supuesto que hay sombras. Lo tomo también como una responsabilidad mía, porque a lo mejor, si uno se hubiera involucrado más, habría podido evitar muchas de las cosas que conocimos y avergüenzan. Hay que matizar. Le tuve un gran respeto, y no se lo perdí.

Karim Gálvez.
Saludos
Rodrigo González Fernández
DIPLOMADO EN RSE DE LA ONU
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